Esta reforma integral parte de una vivienda que se encontraba en un estado de deterioro muy acusado tras años de abandono y falta de mantenimiento. El objetivo de los propietarios era recuperar el inmueble para destinarlo al alquiler tradicional, estableciendo como premisa una intervención ajustada al presupuesto, pero capaz de ofrecer un elevado nivel de confort y durabilidad a sus futuros inquilinos.
La estrategia del proyecto se centró en renovar aquellos elementos con mayor incidencia en la calidad de vida de la vivienda. Se sustituyeron completamente las carpinterías exteriores para mejorar el aislamiento térmico y acústico, se instalaron nuevas puertas interiores, se reformaron íntegramente la cocina y el baño y se renovó todo el pavimento, garantizando una vivienda funcional, eficiente y preparada para un uso continuado.
La elección de los materiales responde a la búsqueda de una estética neutra y atemporal. El color blanco domina paredes, carpinterías y mobiliario fijo, aportando luminosidad y una base versátil que permite a cada inquilino personalizar la vivienda con su propio estilo y decoración sin condicionantes previos. Como contrapunto a esta paleta limpia y sobria, se seleccionó un pavimento porcelánico con acabado efecto madera que aporta calidez y textura a todos los espacios.